UN SEÑOR ABRAZO.

Foto: Jc.
UN SEÑOR ABRAZO.
 
Señalaba la mañana sus luces someras y se cruzaba con la tarde, para encantar la madrugada, cuando bajé una rampa que, con amor prepararon, para que fuera a la piscina, pero ¡hete aquí!, que sentí miedo de la pendiente, me entró el pánico y me enrabieté. Fue tu abrazo el que me consoló.
 
Y, en la mañana,
sentí tu querer.
Recuerdo, como si fuera ayer,
tu abrazo de hermana.
 
Recuerdo mi frustración,
pareja con mi rabia,
nerviosa, metalica,
una rabia nacida de la impotencia,
de la maldita providencia
y a caballo de la desesperación.
 
Recuerdo como lloré
y, desde la misma memoria,
tu reacción y tu victoria
sobre la toxica realidad
me hicieron mejorar
y, llorando, recuerdo que te amé.
 
Tus brazos, no dejaban resquicios,
y me fui calmando, poco a poco,
las lagrimas huyeron de mis ojos,
tus manos me daban calor
y no dejaban que entrara el frio exterior,
¡un momento mágico!.
 
Y la tarde cayó, como la mañana,
sintiendo tu querer.
Recuerdo, como si fuera ayer,
tu abrazo de hermana.
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).
 

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