PEQUEÑA HISTORIA DE VIDA.

Foto: Jcm.
En el día de mi cumple, no está de más tomárselo con humor¡¡
 

PEQUEÑA HISTORIA DE VIDA.

(Pepito y Cia.).

 
Ayamonte, casi en fiestas,
vibraba en tal ocasión,
que a la hora de la siesta,
estaba naciendo yo.
 
¡Canela en rama!, … dijeron,
(cause tanta admiración,
como una cuesta de enero,
larguirucho y pellejon.).
 
Seis de diciembre, ¡No miento!,
fue el día que me alumbró,
del año mil novecientos ..
cincuenta y cuatro … ¿o no?
 
… yo de entonces no me acuerdo,
con toda la precisión,
pero mi padre con tiento,
en el Registro lo anotó.
 
Tras Navidad, vino Reyes
y mi padre, previsor,
trajo caballos y trenes,
tebeos y un pistolón.
 
Había que ver a mi madre,
preguntarle, ¡con razón!,
… si se creía mi padre,
que yo ya era mayor … .
 
La risa no se aguantaba,
en aquella habitación,
doce cajas apiladas
y en medio la cuna y yo.
 
Y fue transcurriendo el tiempo,
a base de biberón,
desarrollando el cerebro,
al tiempo que algún chichón.
 
Con once meses, ¡ya estaba!
corriendo de tropezón,
jugando con la criada,
a los indios y al balón.
 
Con el año sin cumplir,
saludaba sin distinción,
al que veía por aquí,
por allá o de refilón.
 
Don Pepito, me llamaban
y armé tal revolución,
que cuando me paseaban,
la gente … salía al balcón.
 
Hasta un Alcalde, sincero,
me dijo en una ocasión,
¡El padre no es carpintero!,
… ¡pero el chico es un listón!
 
…Tiene aire de …¿payaso?,
…porque feo, es ¡un montón!,
pero es gracioso el muchacho,
¡… con esa nariz de porrón!
 
¡… Que porte!, ¡…qué dignidad!,
parecía un señorón,
con el gorrito de lana,
… ¡sin sombrero, ni bastón!
 
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Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

AUSENCIA INFINITA.

Foto: Jc.
 
(Amigo mio, no hay consuelo para una herida en el corazón, ni siquiera el tiempo. J. Lamincal)
 
 

(Injusto).

 
Estoy flotando sobre los murmullos,
pensando en el dolor de lo injusto.
 
Se iba entregando la mirada al infinito,
a la línea horizontal de la tarde,
estallando en la tristeza del alma,
cansada, llorosa, negro azabache,
sintiendo que se fue, que se ha ido.
 
Vienen las preguntas absurdas,
no hay respuestas, nada ayuda.
 
La quietud y el silencio de la calle,
del vacío que se deja la ausencia,
abandonada en el desierto de este campo,
depositando en la soledad sus querencias,
…dolía como una herida de alfanje.
 
Hablo y no hablo,
recuerdo, me apago.
 
Allí estaba yo, dolido, en el pasado,
llorando callado, sin palabras,
meciéndome en el viento del pesar,
con los ojos llenos de agua,
contemplando imágenes, recordando.
 
Sopla el aire y cae la noche,
desesperación sin colores.
 
Siento este regalo que es la vida,
que cuando se marcha no consulta, ya no lloro,
asumo el momento y me recojo,
y en el mar de las preguntas, me respondo:
Hay que seguir…, ¡estrujarla!, ¡vivirla!