CUANDO EL SILENCIO SE LLENA DE PALABRAS.

Foto: Jc.
La mirada de otro, es tu mirada, sobre todo cuando lo sientes dentro, calmando tus ansiedades.
 

CUANDO EL SILENCIO SE LLENA DE PALABRAS.

 
Viniste a verme, postrado, encamado y sin poder hablar, estaba fatal, pero llegaste dando tumbos, con el mismo balanceo con el que subiste a Roita por mi, y, con una sonrisa franca y tu silencio, lo cambiaste todo.
 
Gracias, amigo, gracias
por esas tardes
llenas de rutas y lápices,
por toda tu compañía
por tu ingenio y tu valia
y por esa, tu elegante suspicacia.
 
Gracias, viajero de mi tiempo,
por esa salvaje y perspicaz ironia,
títeres descabezados con despiadada alegría,
tus bicis, tus drones, tu torre del mil,
en mi corazón hay un sitio para ti,
por este momento eterno.
 
Gracias, caballero,
por esos silencios compartidos,
por amanecer en mi camino,
y acariciarme relleno de hermandad,
pero sobre todo por tu amistad.
Te quiero compañero.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

SILENCIOS DE PLATA II.

Foto: Jc.

(Continuación).

(Magia en el Albor).

Recordando…

 
 
 
 
Silencios que saltan,
barrancos solitarios
y minas de plata.
 
Un silencio trabado, tupido,
lleno de armonía y caricias,
un tiempo cálido y congelado,
una pasión, una justa injusticia,
que inundaba los resquicios vacíos.
 
Sonidos que manan de la plata,
que nacen de la tarde
y vierten en los silencios del agua.
 
Un silencio que derribaba muros,
que empujaba al infinito los cuerpos,
al deseo que madrugaba,
un silencio de renuncias, de inciertos,
un silencio de futuros.
 
Un silencio como todos los silencios que hablan,
como todos los silencios que acercan,
un silencio columpiado en las palabras.
 
Un silencio que ataba con sogas,
un silencio que creaba silencios y agonías,
que denunciaba querencias,
que acercaba tu boca a la mía
y las llenaba de rosas.
 
Pregúntale al viento desnudo,
que palabras se llevo de la boca,
para dejarme mudo.
 
Un silencio que llevaba música,
que se estrellaba en la piedra del Kursal,
calma contra el sol y el aire de agosto,
que dejaba olas vascas blancas de sal,
en el rimero de tus manos únicas.
 
Un silencio como la plata de tus palabras,
como el oro de tus labios,
como el azul barroco de tu alma.
 
Un silencio de querencias que se ofertan y demandan,
de ideas, de acordes armoniosos,
disonante a veces, relleno de pasión y quereres
y suavidad, de afonías y chirridos dolorosos,
un espléndido silencio abarrotado de palabras.
 
Un silencio vasco, colmado de la flor del azahar,
un silencio de orquesta, de gente y paseos,
un silencio saturado de vasos vacíos, llenos de mar.

SILENCIOS DE PLATA.

Foto: Jc.

Cual es el más valioso de los los bienes: ¿el oro?, ¿la plata?, ¿el iridio?, ¿el rodio?… El oro es usado como metal refugio en tiempos de crisis, el rodio hoy es el más caro de los metales, pero no ha sido siempre así a lo largo de la historia, en el antiguo Egipto la plata era dos veces y media más cara y para un pionero americano era imprescindible: una moneda de plata evitaba que se agriara la leche. Sin embargo yo creo que el más valioso de lo que poseemos es: ¡EL SILENCIO!
 .

(Magia en el Albor).

Recordando…

 
La magia en la madrugada,
rellena huecos verdes,
que estaban abiertos,
buscando su duende,
como ventanas al alba.
 
Silencios de plata,
ruidos discretos,
como un sendero virgen de pisadas,
 
Francos, como tu boca,
redonda, suave,
entreabierta en el albor,
no tiene llave,
está sellada con rosas.
 
Noches de ágata,
brillos de zafiros,
en un silencio de plata.
 
Estás cuajando miradas,
llenas de mensajes,
creando sarmientos de sentidos,
colmados de música y murales,
albercas llenas de palabras.
 
Silencios de plata,
saturados de discursos,
embrujos del alma.
 
Ayer de pausas encantadas,
someros instantes rebeldes,
asomados al precipicio,
desbordado y sorprendente
de tus ojos, que no engañan.
 
La amistad que llega y se agarra,
como las piezas de un puzzle,
en los silencios de plata.
 
A veces descubres silencios de plata,
que atrapan los adentros
y desnudan trozos
cálidos de afecto,
que estaban huérfanos de magia.
 
Silencios de plata,
sordinas y murmullos,
afonías doradas.
 
Cariños sin destinos tangibles,
esperando dueño,
amando desde dentro,
besos volanderos,
camino de labios imposibles.
 
Silencios de plata,
rellenos de ruidos, voces, sonidos,
como un abrazo de madrugada.
 
Brazos que son besos,
abrazos, roces livianos
y atardeceres de primavera,
dedos que son manos,
en el otoño del sendero.
 
Besos que son alas,
manos que son besos,
silencios de plata.
 
En el albor de la madrugada,
encontré un silencio belicoso,
una música etérea,
un tejido espeso, frondoso,
un dolor que abrazaba.
 
(Continuará)…