LA PASIÓN DE POSEER.

Foto: Jc.
Me pasé al mundo del microrrelato.
Hoy toca conjugar el verbo filosofar, con un poco de ironía.
 
 

LA PASIÓN DE POSEER.

 
Cambio mi compañía por la de otro, mi libertad por la suya y mi satisfacción por una meta que nunca llega.
 
Cambio el disfrute de mi existencia por un edulcorante acompañado.
 
Y, para terminar, cambio mi camino, por un pastel relleno de trufas, que pienso llevar en la cintura, cuando ya no esté conmigo.
 
Señoras y señores, quien acepta la propuesta, ¿quién viene conmigo?
 
A todas las “PERSONAS” inteligentes o no, altas o bajas, mujeres u hombres…
 
Puede que haya quien lea los mapas mejor, puede que haya quien lea mejor los sentidos; puede que haya quien se sienta viejo, puede que haya quien joven se sienta, quizás haya hasta quien no sienta, que, triste desgracia, no sabe hasta qué punto la vida le pasa…
 
Puede que haya mujeres que sepan leer mapas de sensibilidades, mejor que hombres sensibles lean los mapas; puede que haya quien necesite y quien solo SEA; puede que haya tanto y tantos, que yo solo quiero SER.
 
No importa quien vaya caminando a mi lado, no lo necesito, ni quiero que él a mí, si nos enriquecemos estando.
 
Quizás haya quien se quiera y quien no; quizás haya quien busque y encontrando no tenga y quien tenga sin buscar, encuentre; pero tener es solo posesión y necesitar es dependencia.
 
Nadie necesita, más que otros, sexo, ni agua, “fisiológicamente”, puede que haya quien lo crea, porque hay quien está educado en el TENER, el POSEER y no es libre.
 
Parece que hay quien piensa que la edad es cosa de años y equivoca cuerpo y alma. Tengo un primo de mi edad muy joven, mucho, pesa poco, porque solo es esencia. Murio a los cuarenta. Yo agradezco a la vida, que, cada año celebre conmigo uno más, aunque no esté.
 
Por eso no siento los años pasándome por encima, aunque es verdad que ahora me cansa más, que me vuelto perezoso y de la silla no me levanto y las piernas me dicen: descansa; pero también es cierto que el alma agradece sentarse en lo alto de la Ralla, o reposar en Angarillones, porque se llena de esencias.
 
Los hombres, cómo las mujeres, queremos vida, sentires, presencias y espejos… para mirarnos. Quizás haya diferencias, quizás, pero eso enriquece; quizás alguien ame más que otros (aunque dudo que alguien tenga una balanza que mida la esencia, menos el sentimiento y menos aún el de otros), pero no discuto la emoción de sentirse así.
 
Puede que llegue algún día que, cuando pensemos, cuando sintamos o hablemos, lo hagamos de las personas y derrotemos, sin lucha, esa eterna confrontación.
 
Solo pretendo ironizar respetuosamente, nunca provocar algún comentario desafortunado; tenía el ánimo de hacer notar que, cambiar la compañía de uno mismo por la de otro, dejar mi libertad en sus manos y sentir solo con el cuerpo no enriquece; que no persigo llegar a ninguna parte, pasando por encima de otros, menos al placer de sentir emociones, menos aún dar lecciones, pues no soy catedrático ni siquiera de mí mismo.
 
Sigo invitando, a quienes lo deseen, a perseguir sus sueños respetando a enemigos y amigos; aunque, a veces, la victoria más deseada, no llene, porque pretende una meta efímera y vacía; a conquistar fronteras, atravesando lindes y confines y a culminar los proyectos, que se conviertan en pasión y te hagan sentir vivo, sean cuales sean las dificultades.
 
Por eso creo que la mejor estrategia puede ser una buena retirada: de hombres y mujeres, para volver siendo PERSONAS.
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).

AQUEL VIAJE HACIA DENTRO, PARTIÓ DE FUERA.

 Foto: Jc.
En ocasiones hay que parar y reflexionar, para poder seguir.
 
 

AQUEL VIAJE HACIA DENTRO, PARTIÓ DE FUERA.

 
 
Ahora tengo el horizonte de ésta maleta a mis pies y los caminos enfrente. No tengo referencias, pero las buscaré; no tengo apoyos, es igual, no tengo tantas cosas… que casi da miedo pensar en ello.
«¿Cómo podía acompañar, si no me acompaño?» El pensamiento resonaba en mi cabeza y se hacía materia, neceser, libro o camisa. Se volvía viaje.
Y encerrado entre costados de equipaje, éxodo y ausencia del ayer, dejé atrás la que fuera mi casa hasta hoy.
Voy a seguir andando, en la oscura claridad que marcan los intervalos, del sol entre las nubes. No queda otra.
He dado un paso de renuncia, de dolor propio y ajeno, para estar solo. Seguiré camino consciente de mí y de los que junto a mi transitan.
Fue un paso de amor, para estar conmigo. Ahora gozo caminando y no llegando. Ahora estoy, ahora soy.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).