TUS OJOS AZULES.

Foto: Jc.
Son tan grandes y tan hermosos tus ojos, que es necesario más de una poesía para describirlos y, aun así, no es suficiente…
2ª de 2
 
TUS OJOS AZULES.
 
Tus ojos azules,
de madrugada,
soñaban.
 
Se iba despertando el negro,
azules de madrugada,
nos íbamos escondiendo,
entre la gente y la barra,
una cerveza y momentos,
instantes, llenos de charla.
 
Tus ojos azules,
de madrugada,
cantan.
 
Tus ojos azules en el rincón,
vaqueros que mecen las piernas,
voces que son corazón
y arañazos que se quedan,
entremedias de una canción
y un soplo de brisa fresca.
 
Tus ojos azules,
de madrugada,
riendo miraban.
 
Al final tus sitios fueron viniendo,
a las querencias, que no siempre destapas,
al final fueron la noche y el tiempo,
al final fueron las almas,
al final fueron los silencios,
los que quedan, los que hablan.
 
Tus ojos asumen
que son madrugada,
azules de mañana.
 
Y en un portal oscuro,
recorrimos las veredas del deseo,
entre caricias y susurros,
nos amamos deprisa y corriendo,
que…, ¡casi nos descubren juntos!
En ese momento fuimos sólo deseo.
 
Tus ojos azules
son sonetos de madrugada,
como los petalos de tu mirada.
 
Sin embargo,
¡el tiempo fue nuestro!
Fuimos caminando
con los deseos,
y con el placer despertando
sólo fueron nuestros cuerpos.
 
Tus ojos azules,
sonríen, es madrugada
y llega el alba.
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

EL UMBRAL DE LA SENSUALIDAD.

 
Foto: Jc.
2º de 4.
 
 
 
 

EL UMBRAL DE LA SENSUALIDAD.

 
Desnudos, por fin,
en nuestro espacio…,
tu cama era mía también,
me la ofreciste sin palabras,
la hiciste mía,
cuando me invitaste a sentir en ella.
No importaba que fuera vieja,
desvencijada
y ajada,
en una casa inacabada,
porque no hablamos con los cuerpos,
sino con las almas.
 
Y gozamos.
 
Disfrutamos al son de tambores de fiesta,
al grito ahogado de un susurro,
y nos llevaron las pasiones al cielo del deseo,
porque es allí donde moran los amantes.
 
Y supimos el uno del otro
y de nosotros mismos,
descubriendo nuestros cuerpos a la luz del cariño,
sedoso, terso y ligero,
de nuestras manos,
de nuestros labios
y el exquisito y leve,
mojado y dulce,
de las lenguas.
 
Y, al día siguiente, dormimos.
 
Uno junto al otro,
al lado,
fundidos,
abrazados,
ilusionados.
 
Y despertamos.
 
Temprano,
demasiado temprano,
con sueño,
pero con ganas de vernos,
de hablar, de mirarnos.
 
Y volvimos a dormir.
 
Y de nuevo nos despertamos,
despacio,
como si lo hubiéramos hecho siempre,
cómodamente,
sin distancias,
sabiendo que era lo que teníamos que hacer,
con el habito de la costumbre imposible de los años.
 
Y compartimos.
Y de nuevo las palabras nos ataron,
al asiento de la esperanza
y nos dejaron sin fuerzas para caminar
y separarnos
y, de nuevo, nos comunicamos,
abriendo el alma y mirándonos a los ojos.
 
Y otra vez fuimos a tu cama.
A nuestro espacio
y despacio,
entre las sabanas de tu piel
y tu sonrisa,
nos amamos,
más profunda,
más cariñosa
y más dulcemente que nunca.
 
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

SIGUEN HABLANDO LOS SENTIDOS.

 Foto: Jc.

El hierro, ese metal fuerte y recio, que, animoso y valiente, lucha contra los elementos y sigue dando carácter al trozo de mar donde está.

Ese hierro encierra en su interior la pasión irrefrenable de un universo de sensaciones que se desatan cuando las olas rompen a su alrededor y el viento silba, porque a la furia de los elementos, sigue la placidez de la quietud.
Como el amor y el sueño.
 
 
 

SIGUEN HABLANDO LOS SENTIDOS.

 
 
Duros los pezones, inquietos,
destetando la noche,
te tengo, …no te suelto
y todo son luces, gemidos… ¡tus pechos!
 
Y entre tanta sensación, un beso,
desde el amor que viene,
impaciente, fogoso, dulce
y con las prisas del deseo.
 
A los despacios y en los silencios,
te descubro, me descubres,
nos miramos, temerosos
¿vemos mas de lo que vemos?
 
Duros los pezones, inquietos,
destetando la noche,
tu sudor me moja, te huelo,
pero tu espacio es mío, te siento.
 
Dibujando, bello, tu cuerpo,
se estremece, se arquea,
lo sujeto… y me sorprendo,
porque es tan fácil tenerte dentro…
 
Duros los pezones, inquietos,
destetando la noche,
el ansia cuenta las horas
y se nos escapa el tiempo.
 
Quiero atraparlo con la mano,
pero se hace vapor al tocarlo.
vamos deprisa, deprisa
y no podemos correr, …te paras, paro.
 
 
Quizás mañana, tengamos tiempo,
despacio, sin prisas,
solos con la noche y el deseo,
quizás mañana, quizás, toquemos el cielo.
 
 
Me duermo y sueño,
que tus dedos, suaves, me acarician,
que me recorren calambres y emociones,
y me duermo… ¡que no quiero estar despierto!
 
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).