NAVEGANTE SOÑADOR.

Foto: Jc.

(Sol, playa, mar y un amor de verano…)

(…Una gaviota viajera).

Soy sencillo marinero,
que busca la eternidad,
el Amor que hay en el cielo,
y la paz de la Soledad.

Voy buscando las estrellas,
para mi barco guiar,
y voy dejando una estela,
por los caminos del mar.

No tengo casa, ni quiero,
ni muelle en que fondear,
me basta con mi velero,
y de puerto, agua de sal.

Una gaviota viajera,
me venía a visitar,
alegrando mis amuras,
con blanco color de cal.

Confundida con las velas,
me observaba al navegar,
y con chillidos de vieja,
rompía mi soledad.

Me anunciaba la aurora,
y se perdía en el mar,
buscando sus peces frescos,
buscando su libertad.

Con que envidia la miraba,
cuando se echaba a volar,
con qué ilusión esperaba,
para verla regresar.

¿Que sientes?, le preguntaba,
¿cuándo allá arriba estás?
y sus ojos respondían:
Solo veo cielo y mar.

Fueron pasando los días
y me llegué a acostumbrar,
a su presencia de plata,
a su intrigante mirar.

Pero llegó una mañana,
en que no se fue a volar,
tenia los ojos tristes,
hasta… parecía llorar.

Nos miramos en silencio,
sabiendo qué iba a pasar,
sin preocuparnos del viento,
del rumbo, ni del lugar.

Cayendo la atardecida,
se oyó otra gaviota chillar,
mi gaviota me miraba,
y yo, no quería… llorar.

Paso el tiempo…, alzó el vuelo,
dio dos vueltas, y al final,
con chillidos y aleteo,
se fue para no regresar.

Sigo siendo marinero,
que busca la eternidad,
pero cuando miro al cielo,
voy buscando una gaviota.

Una gaviota especial,
¡que se pose en mi velero!,
¡que rompa mi soledad!,
¡que chille al viento y al cielo!

y me acompañe al navegar.

¡Que son muchos los caminos,
porque es inmensa la mar,
y no quiero hacer el viaje,
en eterna soledad!

¿Quien diría marinero,
que una gaviota del mar,
un simple trozo de cielo,
pudiera ser algo más?

¿Quien diría marinero,
que el compartir es amar,
y que el decir ‘te quiero’
significa Libertad?

Y que dormir al abierto,
dos cuerpos en unidad,
eleva el alma al concierto,
de la última inmensidad.

¿Quien diría marinero,
que aquella tu libertad,
orgullosa frente al viento,
se pudiera doblegar?

y cayera ante la brisa,
suave y tersa del volar,
ante la tenue sonrisa,
de un ligero planear.

…Una gaviota viajera,
me venia a visitar,
alegrando mis amuras,
con blanco color de cal…

Son-idos de un mar de bronce.

Foto: Jc.

(Son-oros son-idos).

Cadencia roma, embotada por el campaneo repetido del bronce milenario que se desliza sobre las cuadernas, cómo las olas, una a una.

¿Lo oigo? No son solo sueños, yo sigo despierto. Despierto y vivo: por algo soy el capitán. La tormenta no puede conmigo.

Eso creo, o quizás no es así y el son-oro son-ido de pasos que me acompañan son los arpegios del campo Robo y el balanceo que siento no es del ir y venir del mar.

Da igual, estoy feliz, todo es azul, azul y blanco en esta isla de rompientes albinas, de soledades, de lunas y de prisa ninguna.

Pero… y las personas… ¿donde están las personas?… ¿donde mis marineros?… ¿dónde?

Encaje de Bolillos.

Foto: Jc.

Estaba la mañana tardando en hacerse ocaso,
y yo nervioso por cuando vendría…
se ocupaba el día en pensar cuando sería noche,
y yo inquieto por cuando lo sería…
estaba impaciente por ser yo mismo,
y no lo sabia.

Era como tener sensaciones de otro,
como saber sin saber,
estar sin tener,
tener sin poseer,
era como sentirse en la piel de otro,
era como no tener,
como no estar,
como no saber…

como hacer encaje sin bolillos.

Oigo el mar, y lo oigo a solas,
se asoma a la ventana de mis ojos,
le dejo penetrar,
en mis sentidos,
y abstraído,
me invaden las notas del aire,
me dejo llevar y sale,
lo que llevo dentro,
lo siento,
y advierto que el tiempo no pasa,
se para,
salgo fuera de mi mismo,
y en ese limbo,
vuelo,
y adquiero, de nuevo,
la sensación de no ser nada,
ausencias de alba,
ilusiones de aire,
agua sin cauce,
y me dejo llevar,
en el velero del mar,
por las olas…

Estaba la mañana pensando hacerse ocaso,
y el día, noche,
cuando me di cuenta que no tenia que pensarlo
porque ya lo era,
tienes el día y la noche,
la tarde y la mañana,
entre los pliegues que cosen,
la piel al alma, tu propia alma…

No busques fuera, lo que dentro está.