EL UMBRAL DE LA LUJURIA.

 Foto: Jc.

3º de 4.

 

EL UMBRAL DE LA LUJURIA.

 
El recuerdo no puede con el presente de ilusiones,
con el instante del clímax,
con el ardor y el afecto,
la lealtad y la vehemencia,
que nos estábamos dando.
 
Tengo tu imagen grabada en la retina,
tu voz, profunda, gimiendo ronca,
sensual,
erótica.
Tu cuerpo se retorcía de placer entre mis brazos,
respondía a mis caricias, como una gatita, ronroneando,
sintiendo…
 
Tu clítoris entre mis labios mojados
y tus pechos redondos,
perfectos,
erizados de placer
y deseo,
vibraban en un orgasmo rojo,
que me impulsó a penetrar en tu interior,
a sentirte pegada a mi piel,
fundida a mis sentidos,
abrazada a mi alma.
 
Y mis anhelos,
un mundo de sensaciones
y apetitos sexuales,
solo podía acabar en un clímax sensual y voluptuoso,
en un grito que voceamos, juntos,
desde el deseo infinito de nuestro amor.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

LLUVIA DE SEPTIEMBRE.

Foto: Jc.
Los que vivimos la época del R-5 y del 127, todavía recordamos la incomoda posición del cambio de marchas… cuando el vehículo lo utilizábamos para fines distintos de aquellos para los que fueron concebidos.
 
 

LLUVIA DE SEPTIEMBRE.

(Juntos).

 
Y llovía y llovía y seguía lloviendo, la noche festejaba también, como nosotros, su luna de agosto, arrancando de las nubes, gotas de agua y luces,
cuando nos besamos.
 
Y tu sonrisa, encantadora, brillante, un jardín de promesas que me abrazaba, que me envolvía, protegiéndome de la lluvia, de los demás, del cielo,
y no me mojaba.
 
Abrazados, abstraídos, solo las luces del cielo nos enseñaban la cara del otro, el resto se adivinaba, se intuía, pero no importaba,
estábamos juntos.
 
Nos pudieron las ganas de ser uno, nos dejamos la piel entre los brazos y nos fuimos, despacio, abrazando, desnudando, besando y sintiendo,
nos amamos.
 
En el incomodo asiento del coche, nos quisimos, nos buscamos y pensamos en el otro mas que en uno mismo, hablando de nosotros sin palabras,
por fin sin palabras.
 
Y descubrimos la pasión, la sorprendimos en medio de los dos, la dejamos fluir y marcharse, para que viniera el cariño,
porque no era su tiempo.
 
Y los cuerpos desnudos, se fueron vistiendo y las almas, abiertas, se desnudaron y nos miramos a los ojos y al infinito, diciéndolo todo, de nuevo, sin palabras, libres, relajados, sonriendo por dentro y por fuera,
porque ya no estaremos solos.
 
Ayer parimos una rambla de ilusiones y anhelos, del color de la esperanza, un futuro de caminos y mañanas que queremos que sean presentes,
y futuros intangibles.
 
Ahora que peino canas y vivo de presentes prestados y de futuros inciertos, desvelados poco a poco en las mañanas, ahora que los proyectos se vuelven realidades, con esa ilusión escanciada como la sidra, a golpes de paciencia,
todavía sueño contigo.
 
 
Ahora, recordando esos momentos de pinares, coches y caminos, ahora, no renuncio a la pasión de mi vida, al azul de tus ojos,
y a seguir caminando juntos.
 
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).

AZULES DE MADRUGADA.

Foto: Jc.
Todos hemos ido de copas y las urgencias del deseo nos han llevado, al alba, hasta algún portal oscuro. ¿O no?
 
(Silencios que hablan).
 
Tus ojos azules,
de madrugada,
soñaban.
Se iba despertando el negro,
azules de madrugada,
nos íbamos escondiendo,
entre la gente y la barra,
una cerveza y momentos,
instantes llenos de charla.
 
Tus ojos azules,
de madrugada,
cantan.
 
Tus ojos azules en el rincón,
vaqueros que mecen las piernas,
voces que son corazón
y arañazos que se quedan,
entremedias una canción
y un soplo de brisa fresca.
 
Tus ojos azules,
de madrugada,
riendo miraban.
 
Al final tus sitios fueron viniendo,
a las querencias, que no siempre destapas,
al final fueron la noche y el tiempo,
al final fueron las almas,
al final fueron los silencios,
los que quedan, los que hablan.
 
Tus ojos asumen
que son madrugada,
azules de mañana.
 
Y en un portal oscuro,
recorrimos las veredas del deseo,
entre caricias y susurros,
nos amamos deprisa y corriendo,
que…, ¡casi nos descubren juntos!
en ese momento fuimos sólo deseo.
 
Sin embargo,
¡el tiempo fue nuestro!
fuimos caminando
con los deseos,
y con el placer despertando
sólo fueron nuestros cuerpos.
 
Tus ojos azules,
sonríen, es madrugada
y llega el alba.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).