LOCO DE ATAR.

(¡Qué me encierren!).

Si estoy loco de atar…
¡que me encierren!,
¡pero no en cualquier lugar!

Ha de ser en un castillo,
más alto que el horizonte,
sin puertas y sin pestillos,
sobre la cima de un monte.

Si estoy loco de atar…
¡que me encierren!,
¡y tiren la llave al mar!

Pero que dejen la puerta,
la que cae a la vertiente,
con los goznes semiabierta,
para que entre el sol poniente.

Si estoy loco de atar…
¡que me encierren!,
¡pero no quiero madrugar!

Que soy pájaro de noche,
lechuza lenta de volar,
y no quiero hacer derroches,
de fuerzas para escapar.

Si estoy loco de atar…
¡que me encierren!,
¡que no me voy a quedar!

Castillos del Aire.

Imagen F. Pino

(En tierra de nadie)

Imagínate la tierra, solo la tierra
una extensión plana,
desolada y estéril,
esmaltada de lomas,
en las que brilla el cuarzo,
trocitos de la explosión de una estrella.

Colinas acanaladas que recuerdan,
las estrías de la piel,
ajada, envejecida,
las arrugas del cuello,
estirado de una anciana,
las señales del arado cuando siembra.

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