LA LUNA LUNA.

Foto: F.Pino.
Hoy va de pedaladas nocturnas.
 
 
 

(Villafranca de Ebro, el Boralico).

 
 
La noche, llega, lleva la Luna,
sobre los campos la Luna luna.
 
 
Con dos luceros la Luna luna,
de sombras grises acompasada,
baila en la noche, la noche clara,
entre perfiles negro —aceituna.
 
Entre los montes, claros de luna
luces y sombras van de la mano,
camino y valle se van cruzando,
subiendo a ritmo, la cuesta bruta.
 
Juegan las siluetas a ser lechuzas,
entre penumbras, marchando a ciegas,
con barro y agua como colegas,
con tierra blanda, con tierra dura.
 
Sobre dos ruedas surgen preguntas,
parten respuestas … voces urgentes
¡charco!, ¡piedra! … ¡todo de repente!,
y el pelotón no ve, solo barrunta.
 
 
La Luna, llega, llega la Luna,
sobre la noche la Luna luna.
 
 
El Boralico pace en la hendidura,
esculpida en el barranco de los montes,
subiendo desde el valle al horizonte,
que la Puntaza moldea en miniatura.
 
Cuestas, repechos, rampas y curvas,
bajando laderas, blancas de arcilla,
con lodo y charcos de mantequilla,
la pista se vuelve difícil, confusa.
 
Y en el cielo negro, la Luna luna,
las nubes, las estrellas, los luceros,
y en la tierra los caminos, los senderos,
y el placer del silencio que te acuna.
 
La Noche noche fue la tribuna,
sobre la sierra, balcón de plata,
de una ruta, a las caídas, candidata,
¡Diosa Fortuna, … mala, … ninguna!.
 
 
La noche llega, negra y oscura,
la viste de blanco, la Luna luna.
 
 
El compás de la Cuna cuna,
la cadencia del pedal en armonía,
con los montes ondulados, con la brisa,
equilibrio natural de la aventura.
 
 
Y en los recuerdos, la Luna luna,
y en los silencios, la Luna luna.
 
 
 
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).
 

PUNTAS DE BAÑÓN.

Foto: F. Pino.
Añoro muchas cosas de mi vida anterior al ELA, pero quizás lo que más echo de menos son las “pedaladas” domingueras.
 

(Senda furtiva).

 
Se refleja la vereda en la montaña,
el camino se bifurca desdoblado,
se hacen uno, dos senderos,
se cruzan y se entrecruzan las trias.
 
Laderas de verde primavera,
bosque de ramas crujientes,
de pasto multicolor alfombrado,
teñida de otoñal la travesía.
 
Cae el sol de plano, sobre la pista,
un sudor de esfuerzos, quejidos,
silenciosa senda, sube al altiplano,
hija de la ladera que se inclina.
 
Voy subiendo… ¡vamos, amigo, vamos!
por entre los pinos arracimados.
 
Calapiés, pedales, sintonías,
sin prisas ni agobios, en la mañana,
con silencios, con esperas, conversando,
con las piernas frías todavía.
 
El camino que gira y gira,
pegándose a la pendiente,
curvas suaves, laderas y llanos,
que remontan hasta la colina.
 
Allí, de repente en la distancia
tres puntas se levantan orgullosas,
desafiando al cielo, moldeando,
una línea jorobada, curva, cansina.
 
De nuevo subiendo, ¡vamos, amigo, vamos!
por entre los trigos asilvestrados.
 
El sendero son dos franjas amarillas,
entre pastos de cuidados olvidados,
dos rodadas paralelas que subiendo,
se retuercen por una finca baldía.
 
Un pino solitario marca la guía,
parece cerca y no llega nunca,
…un trago de agua, un descanso,
y a seguir entre aliagas y espinas.
 
Llega la cumbre, la pista se empina,
cantos rodados, sendero abrupto,
últimos metros, ultimo esfuerzo,
dos pedaladas y arriba …¡arriba!
 
Descansa compañero, que ya estamos
en lo mas alto, alegres, cansados.
 
Bajo a la vaguada y en la arista,
oculta entre matojos y arbustos
arranca una senda misteriosa,
que ladera abajo se desliza.
 
La senda es túnel, en la floresta hendida,
corredor frondoso y emboscado,
que llena al intruso de mágicas percepciones,
lo envuelve, lo seduce y lo fascina.
 
Las ramas de los árboles aspiran,
a ser manto entre tus hombros
y las hojas secas que cubren el suelo,
tapiz de hojarasca otoñal y pedrería.
 
Por un momento fugaz has vislumbrado,
el Bañón original, bosque encantado.
 
Hay tesoros ocultos a la vista,
esperando al espíritu abierto,
diamantes a la vuelta de un recodo,
Puntas de Bañon, Senda Furtiva.
 
Acabas de pasar, … ¿lo has notado?
por el borde de un lugar privilegiado.

EL MIRADOR DE LA SIERRA.

Foto: Jc.

¡Ay!, ¡mañanas de los domingos!

Guadarrama.

Recorría la mañana un trozo de aire,
mientras la piel del sendero se hacia agua,
entre la piedra plana,
que iba asfaltando el suelo.

Motor de viento que empujaba
y me llevaba, como traía el camino,
entre barrancos de agua
y sotobosque de pinos.

El mismo aire que me escoltaba,
traía cincel y martillo
y con el agua que salpicaba,
esculpía surcos de barro,
eran aires de mañana,
entre las piedras grises,
desbastadas, recortadas,
al ras de verdes laderas
y el fresco olor de las jaras.

Jaras de azul añil en las flores,
bordes de antiguas cañadas,
que el fuego del sol de abril,
frutos amarillos avisaba.

El mirador de la sierra,
una proa alada,
bajo el brazo del sendero,
allí en lo alto esperaba,

El Mirador mirado se sabia,
desde el arroyo xxxxxx
esfuerzos pedía,
pedriza entregaba.

Llevaba sudor en la frente,
traía pendientes que agotaban,
y troncos añejos retorcidos,
junto a reflejos de agua.

El mirador de la sierra,
muro de piedras calladas,
silencios al viento,
ovalo de señales claras.

Valles quebrados y escondidos,
acariciaban la mirada,
bloques de granito,
formas extrañas,
espejo de piedras,
destellos mágicos de agua,
el rumor del monte,
era magia en la mañana,
eso, además de los dolores,
era lo que nos daba.