LA AMISTAD: ASUNTO DE DOS.

Foto: Jc.
La familia es la que te toca, pero … ¡Ay, los amigos! y ¡la pareja! A esos los eliges tú.
Yo tuve suerte. Tengo varios rejones donde fondear.
 

LA AMISTAD: ASUNTO DE DOS.

La llave del cofre.

 
La complicidad
se agradece,
se regala;
la amistad
se mima,
se guarda;
pero si la llave
se sostiene entre dos,
nunca acaba.
 

Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

 

LO QUE APRENDÍ A TU LADO.

Foto: Jc.
La admiración… qué gran cosa es. Más cuando de amor se acompaña.
 

(Pase lo que pase, siempre a tu vera).

 
Me has dado paz, consideración, cortesía,
amor, pasión, respeto, linaje,
calidad, ejemplo, trozos de tu vida,
amarguras y agujas, altura de miras,
soledades, manos dulces, tormento, clase,
paciencia y lealtad, admiración, estima…
 
Tú, me has dado casi todo, amada mía.
 
He aprendido a ser mas que a estar,
a entender la libertad, la independencia,
a recibir al éxtasis, a saber amar,
a soportar el dolor, el sufrimiento, el pesar,
aprendí del estar juntos y de la ausencia,
a mirar de frente a los inviernos, a tolerar…
 
Te admiro, por ser como eres, por tu caminar.
 
Me has enseñado a disfrutar,
en una copa de vino,
a beber la vida, sus olores,
redondeando los bordes,
paladeando la cata de los sentidos,
agitando la esencia, para saborear…
 
Así, amada, así he leído tu. saber estar
 
He llegado a descubrir cosas admirables,
que ni siquiera sabia que existían,
he aprendido a conocer,
a calibrar, a pensar, a ser
y a la prudencia comedida,
a silenciosos matices impensables…
 
He aprendido de ti y contigo, las cosas importantes.
 
He pasado de triviales a primarios,
de desmedidas composturas,
a la medida de las cosas,
de la tempestad aleatoria,
a la calma y la mesura,
de apresurados a meditados…
 
Eso cuesta y aún queda por aprender mucho vocabulario.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).
 

MUJER III. APRENDÍ A CAMINAR.

Foto: Jc.

(Por una piedra en el camino).

(AMOR de compromisos).

Cuando llega el AMOR, lo reconoces sin dudarlo, porque se sostiene solo, porque sabes que ha llegado. Y vino poquito a poco, sin quererlo, despacioso, al principio solo fue pasión, después lo ocupó todo.

Plaza de San Francisco, robellones de cemento, plazuelas de árbol, juguetes infantiles, madres, niños, bullicio, y una terraza aislada de risas y llantos, perfecto para concretar pensamientos, entre las pausas y las prisas, un marco, que va dibujando un cuadro.

—María, ¿donde estabas? he recorrido los senderos, te buscaba, a veces aparecías, otras no miraba, otras no te veía, ¿Dónde estabas?

—Aquí, José, siempre estuve aquí, mientras me buscabas, mientras te ibas, dolorida cuando no estabas, sufriendo cuando no venias, sintiendo cuando te descolocabas, siempre estuve aquí.

—María, ahora si te veo, antes no te he visto no me acompañabas, te habías ido, no compartes mis costados, llevabas otros vestidos.

—Siempre estuve, y sigo estando, pero tengo que marchar, de vez en cuando, andar mi camino, el que hice sola cuando no estabas, ahora no puedo abandonarlo, pero ven, camina a mi lado.

—No puedo.

—Pues aprende, es fácil.

—No sé como hacerlo, lo intento, pero es muy difícil.

—Bueno, José, te quiero, pero sigo mi camino, me están esperando, cielo, mis niños, mis problemas, mis ilusiones, mis miedos, mi vida, que no espera, nos veremos luego, en otro recodo del camino, yo iré mirando, y espero que encuentres el tuyo, para juntar nuestros tiempos.

Llegaba la soledad y la nerviosa calma, mientras marchabas contigo, mientras te ibas descalza, te miraba, tu cuerpo, tu gracia, tus andares, detrás de tus ganas, y esa sensación etérea que respiro, cuando estoy contigo …tu alma.

Me quedé deshabitado, no entendía mientras te marchabas, porque ayer, en el ayer de mi pasado, yo aprendí a caminar en compañía, nadie me habló de este estado, de la soledad sin mas, del horizonte de uno mismo, privado, de los caminos propios, de este vacío, de no estar acompasado, de las decisiones adultas, independientes, de lo que hay que llenar, si no esta colmado.
Y mientras te miraba, aprendía, sufría, y con el sufrir, me educaba, cuando no sabía, lloraba, reía, cuando profundizaba, me desilusionaba, … aprendía, me reconfortaba, y el dolor, ese martirio que sentía, me hacia fuerte, me llenaba los vacíos, me ayudaba a coger y a dejar … aprendía.

Estaba aprendiendo a caminar, queda mucho, una eternidad vacilante, llena de arrugas rectas, pero ya está, después de un paso, otro, balbuceando, alternos, internos, pero de verdad.

…(Continuará).