POR EL CAMINO.

Foto: Jc.
El camino de la vida se desgrana solamente una vez, no hay posibilidad de retroceder, la marcha atrás no funciona, por eso hay que disfrutar cada momento. ¡Hacerlo con amigos es mucho mejor!
 

POR EL CAMINO.

 
Era un vaso a una nariz pegado
y era, después de recorrer una etapa,
Sahagun, un bar de tapas,
en medio del camino de Santiago.
 
—¡Un par de Murphy’s! —
dijo don Paco y añadió —. por favor.
Que todo puede ser menos olvidar la educación.
el del bar hizo mutis.
 
De vuelta trajo dos copones
de cerveza, de caramelo y malta
rellenos del sabor de Irlanda,
con dos c…orazones, como dos soles.
 
——Señores —dijo el camarero —
, ¡aquí tienen! —y añadió —
una buena elección,
¡que la disfruten, caballeros!
 
Y en esas estaban,
disfrutando haciendo el Camino,
a la mañana un par de huevos fritos
y «china, chano», pedaleaban.
 
Se perdían en los montes
entre un millar de peregrinos,
con Santiago como destino
y el sol como horizonte.
 
Una concha colgando
y un mojón transido
de nuestros deseos recién cumplidos
en medio de un chaparro centenario…
 
…y las manos en el hatillo.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)
 

PEQUEÑA HISTORIA DE VIDA.

Foto: Jcm.
En el día de mi cumple, no está de más tomárselo con humor¡¡
 

PEQUEÑA HISTORIA DE VIDA.

(Pepito y Cia.).

 
Ayamonte, casi en fiestas,
vibraba en tal ocasión,
que a la hora de la siesta,
estaba naciendo yo.
 
¡Canela en rama!, … dijeron,
(cause tanta admiración,
como una cuesta de enero,
larguirucho y pellejon.).
 
Seis de diciembre, ¡No miento!,
fue el día que me alumbró,
del año mil novecientos ..
cincuenta y cuatro … ¿o no?
 
… yo de entonces no me acuerdo,
con toda la precisión,
pero mi padre con tiento,
en el Registro lo anotó.
 
Tras Navidad, vino Reyes
y mi padre, previsor,
trajo caballos y trenes,
tebeos y un pistolón.
 
Había que ver a mi madre,
preguntarle, ¡con razón!,
… si se creía mi padre,
que yo ya era mayor … .
 
La risa no se aguantaba,
en aquella habitación,
doce cajas apiladas
y en medio la cuna y yo.
 
Y fue transcurriendo el tiempo,
a base de biberón,
desarrollando el cerebro,
al tiempo que algún chichón.
 
Con once meses, ¡ya estaba!
corriendo de tropezón,
jugando con la criada,
a los indios y al balón.
 
Con el año sin cumplir,
saludaba sin distinción,
al que veía por aquí,
por allá o de refilón.
 
Don Pepito, me llamaban
y armé tal revolución,
que cuando me paseaban,
la gente … salía al balcón.
 
Hasta un Alcalde, sincero,
me dijo en una ocasión,
¡El padre no es carpintero!,
… ¡pero el chico es un listón!
 
…Tiene aire de …¿payaso?,
…porque feo, es ¡un montón!,
pero es gracioso el muchacho,
¡… con esa nariz de porrón!
 
¡… Que porte!, ¡…qué dignidad!,
parecía un señorón,
con el gorrito de lana,
… ¡sin sombrero, ni bastón!
 
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Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

EL OBSERVADOR OBSERVADO.

Foto: Jc/Db.

Una amiga me mandó unas fotos y una idea, y con ellas se compuso éste poema.

EL OBSERVADOR OBSERVADO.

El infinito de la piedra milenaria
llevaba la mirada al horizonte,
lejos, muy lejos, allá en el monte,
donde la perspectiva cambia.

Y yo observando.

Los Bañales, un farallón horadado, viejo
un agua que se escanciaba,
pues era Roma la que gobernaba,
en un acueducto añejo,

Y yo, sentado, observaba.

Llevaba el monte reflejos de aurora
y en el alcor una cascada,
rellena de versos de agua;
es la selva que rie y llora.

Y el observador, observaba.

Miraba, con la gorra calada,
las voces sonoras del silencio
y los crujidos de un misterio,
perdido en mitad de la nada.

Y aquel observador, curioseaba.

Cantando, el agua bajaba
y unas piedras de ribera
marcaban la sutil frontera,
entre la tierra y el agua

Y yo, mientras, observando.

Mientras el arbol tejía telas de araña
yo quedaba quieto, sosegado,
y, en plenitud, calmado,
mirando el transcurrir del agua,

Y yo, tranquilo, observando.

Nevaba y la nieve señalaba
las cumbres y los caminos,
de blanco roto teñidos,
y con ellos el limite de las casas

Y el observador curioso, observaba.

Se conmueve todo su ser
con cada copo de nieve,
mira al cielo y se estremece,
mientras siente el frio en la piel

Y el observador, observaba.

Pasaba el tiempo despacio
rodeado de cadieras,
fuego, hierro y madera,
acunando un viento sabio

Y leyendo, observaba.

Observar lo trascendente es crecer,
mirar al interior es sabiduría,
es como una fina música,
que suena en clave de comprender.

Y, sintiendo en lo más íntimo,
me observaba a mi mismo.

Autor: José Cruz Millana (JotaCé)