EL OBSERVADOR OBSERVADO.

Foto: Jc/Db.

Una amiga me mandó unas fotos y una idea, y con ellas se compuso éste poema.

EL OBSERVADOR OBSERVADO.

El infinito de la piedra milenaria
llevaba la mirada al horizonte,
lejos, muy lejos, allá en el monte,
donde la perspectiva cambia.

Y yo observando.

Los Bañales, un farallón horadado, viejo
un agua que se escanciaba,
pues era Roma la que gobernaba,
en un acueducto añejo,

Y yo, sentado, observaba.

Llevaba el monte reflejos de aurora
y en el alcor una cascada,
rellena de versos de agua;
es la selva que rie y llora.

Y el observador, observaba.

Miraba, con la gorra calada,
las voces sonoras del silencio
y los crujidos de un misterio,
perdido en mitad de la nada.

Y aquel observador, curioseaba.

Cantando, el agua bajaba
y unas piedras de ribera
marcaban la sutil frontera,
entre la tierra y el agua

Y yo, mientras, observando.

Mientras el arbol tejía telas de araña
yo quedaba quieto, sosegado,
y, en plenitud, calmado,
mirando el transcurrir del agua,

Y yo, tranquilo, observando.

Nevaba y la nieve señalaba
las cumbres y los caminos,
de blanco roto teñidos,
y con ellos el limite de las casas

Y el observador curioso, observaba.

Se conmueve todo su ser
con cada copo de nieve,
mira al cielo y se estremece,
mientras siente el frio en la piel

Y el observador, observaba.

Pasaba el tiempo despacio
rodeado de cadieras,
fuego, hierro y madera,
acunando un viento sabio

Y leyendo, observaba.

Observar lo trascendente es crecer,
mirar al interior es sabiduría,
es como una fina música,
que suena en clave de comprender.

Y, sintiendo en lo más íntimo,
me observaba a mi mismo.

Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

HACEDOR DE PIEDRAS.

Foto: Jc.
Imaginen un hombre del Pirineo del más rancio abolengo, un caballero con la sonrisa por sombrero y la facilidad de andar con el viento; imaginen un hacedor de casas, un hombre entregado a llevar a buen puerto los sueños de otros y tendrán a un ansotano, hombre cabal y honesto. Pues bien, tengo el ínclito honor de ser su amigo.
 

HACEDOR DE PIEDRAS.

 
Rozaba la mañana el albor del tiempo,
entregando el color amarillo, del amanecer,
a la luz naciente,
al viento.
 
Mientras, resonaban en la calle,
pasos abreviados, urgentes,
pasos que se saben pasos,
decididos y valientes,
pasos que llevan pasiones de piedra,
de fachadas, de dinteles,
pasos de caminante,
pasos que van de frente.
 
Reluciente y mojada viene la corredera,
ansotana,
rellena de hiedra,
remachada en las esquinas,
con cantones de piedra,
llevando los pasos,
llevando al hombre,
con la sonrisa en los labios,
entreabiertos, bonachones,
en el bolsillo, la mano
y la otra mano al aire,
con el cigarro…
 
Lleva en la cabeza traves,
forjados
y en las manos,
el saber de hacerlos,
que lleva sueños de otros
y los suyos,
lleva, lo que lleva
y lo lleva bien.
Ahora lleva también,
dos mujeres, Mónica y Ara,
dos compañeras de viaje,
dos esencias,
una familia.
Recuerdo un día,
cuando en lo mas alto,
en el alero del tejado,
me enseñaba, a la descubierta,
esa ciencia innata,
que no se aprende,
que se tiene o no se tiene
y despreocupado,
inmune al vacío,
saltaba entre canecillos,
sin mas protección,
que su propia serenidad,
llevando el agua del salto,
como el canalón que luego puso,
probando la repisa,
el apoyo de las tejas,
como si fuera ellas mismas.
 
Pedro es parte de las casas que construye,
deja restos de su alma entre las piedras,
oculta bajo la paleta,
sus propios sentimientos
y poco a poco, detrás del cemento,
van naciendo, ménsulas inmateriales,
pensamientos cocidos al fuego ansotano,
reflexiones de las montañas,
bocetos de paisajes que elevan el alma,
refugios repletos de setas
y todo ello, detrás del cemento,
en medio de las paredes,
sosteniendo las vigas,
con mas fuerza que la del hierro,
porque es la de las ilusiones compartidas.
 
Rozaba la mañana el albor del tiempo,
entregando el color amarillo, del amanecer,
a la luz naciente,
al viento coherente de Pedro.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)

AMAR CON LOS OJOS ABIERTOS.

Foto: Jc.
¿Se puede ser amigo de una casa?
 

AMAR CON LOS OJOS ABIERTOS.

(A una casa de Ansó).

 
No he amado con los ojos abiertos,
he estado amando intensamente,
penetrando, entregando mi ser,
acelerando las urgencias, irracionalmente
y con los ojos cerrados, mirando sin ver,
casi como entregando, solo para recibir,
no por el placer de entregar… de conceder…
de tomar lo que no tengo…
quizás no era mi tiempo.
 
Vengo a decirte adiós, Conciencia,
para poder tenerte,
aunque luego no seas,
pero es el único sendero evidente,
el de soltar el lastre,
innecesario, imprudente,
de tu peso en mi mochila,
para tenerte presente,
porque quiero saber qué significas,
notando tu Ausencia.
 
Eres lo que fuiste y lo que no,
ilusión y fantasía, hasta delirios,
pero no llegaste a ser,
porque me quedé en el camino,
confuso, desorientado,
absolutamente perdido,
mi amor por ti permanece,
está en el vacío,
en la ausencia de ti,
donde te lloré, amigo mío,
ya no lo hago caserón,
ahora miro,
las lagrimas cegaron la visión
y llenaron de barros los caminos.
… Dios mío!
 
Y se ensuciaron las botas,
se hizo pesado el sendero…
tan pesado, que se cerraba,
que se llenó de espinos,
los matorrales tupieron las pisadas,
las hierbas pudieron con él
y los árboles extendieron sus ramas,
tapando cada recodo, cada trocha.
 
No fui capaz de encontrar,
ciego como estaba,
el sutil camino de la libertad,
no supe recorrerte sin poseer tus piedras,
no he podido disfrutar,
para después seducirte,
amar, no es apegarse, eso no es amar,
amar, es equilibrio, no asfixia,
amar no es idolatrar,
amar, no es morir por ti,
amar es Admirar,
… desde la distancia de amar.
 
Voy a entregar un ultimátum,
una promesa a mi mismo,
un órdago interior,
que no se donde lleva,
porque nunca anduve esos caminos,
pero estoy viendo luces,
estrellas que no estaban,
intuyo sensaciones,
que se anuncian con destellos,
veo horizontes azules
y quiero explorarlos,
conocerlos,
porque te veo a ti …
y me gusta lo que veo.
 
Todo esto conlleva riesgos,
el de perder lo que poseo,
pero… para que poseerlo, si no lo tengo,
eso solo son inseguridades, Miedos.
 
Quizás encuentre otros pasajes
y en ellos otros senderos,
quizás tu no estés en ellos,
ese es el riesgo,
la perdida,
pero allí estaré conmigo
y si me quiero, me sostengo.
 
Y, ya termino, ya termino…
me diste cobijo, techo y cama
y no supe quedarme, Ansó,
a veces venia y no estabas,
porque eres mas que piedras,
tejas y madera,
eres espíritu, fuerza y aliento,
llevas la energía en tus venas de leña,
puse esfuerzo para crear contigo y en ti,
para llevar al cielo ese duende que tienes,
para moldear tu ser,
con la paleta de mis sentimientos,
pero quise tanta identidad,
que puse en peligro tu propia existencia,
las médulas traveseras,
tu sustancia.
 
Vengo a decirte adiós,
en un hasta luego prolongado,
que lleve la despedida al otro lado,
al de las bienvenidas del “con Dios”.
 
Ahora te dejo con tu esencia,
buscando mis principios,
entregaré mi coraje al viento,
para volver algún día,
tranquilo, sereno, si es que llego
y gozarte, sin revolver tus entrañas…
Ah! … y darle un beso a tu dueña.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé)