JAZZ BAND…

 Foto: Jc.

Las sorpresas llegan cuando menos lo esperas. Después solo tienes que cuidarlas.

 

 

JAZZ BAND…

 
Llevaba la melena larga, roja, ondulada; la piel fresca de los veinte años y el corazón en la punta de los dedos. Como su talento, escanciado en el borde de los labios.
 
Era delgada, quizás en demasía, pero escondía un secreto. Enseguida se vio.
 
Estaba allí, subida al escenario, confundida entre la banda, mirando, más que oyendo, las notas del piano, la sustancia del jazz, concentrada en el infinito de su música.
 
De pronto, dio un paso al frente, hacia el público, y, sin verlo, comenzó a cantar. Su voz llenó espacios vacíos, desnudó las ondas de ausencias, ocupó la orilla del contrabajo, y saltó, con los palillos, por la piel de la batería.
 
Estuvo acompañando al saxo, sumergiéndose en la riqueza de sus tonos hasta que, poco a poco, se fueron apagando todos los instrumentos, convirtiendo sus notas en murmullos de fondo, y los murmullos del fondo en silencios.
 
Él pensó que no estaba allí por casualidad, que haber salido a cenar y que en el restaurante tocara una orquesta, no era simple azar.
 
También pensó que ella no cantaba porque si, sino porque el tiempo le había regalado esa coincidencia.
 
Y acariciando el sonido con los ojos, disfrutó del momento, tal como estaba aprendiendo a hacer, mientras la voz se iba haciendo carne y salía del escenario.
 
Su última nota se quedó flotando en el aire, llenando la noche de sentido.
 
 
Así fue como llegaste a mi vida, despaciosa y lentamente¸ como de puntillas, derramando arpegios en mi corazón, mezclando acordes de tu cuerpo con tus manos y cantando con tus ojos armonías que llegaban al alma.
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).

LLUVIA DE SEPTIEMBRE.

Foto: Jc.
Los que vivimos la época del R-5 y del 127, todavía recordamos la incomoda posición del cambio de marchas… cuando el vehículo lo utilizábamos para fines distintos de aquellos para los que fueron concebidos.
 
 

LLUVIA DE SEPTIEMBRE.

(Juntos).

 
Y llovía y llovía y seguía lloviendo, la noche festejaba también, como nosotros, su luna de agosto, arrancando de las nubes, gotas de agua y luces,
cuando nos besamos.
 
Y tu sonrisa, encantadora, brillante, un jardín de promesas que me abrazaba, que me envolvía, protegiéndome de la lluvia, de los demás, del cielo,
y no me mojaba.
 
Abrazados, abstraídos, solo las luces del cielo nos enseñaban la cara del otro, el resto se adivinaba, se intuía, pero no importaba,
estábamos juntos.
 
Nos pudieron las ganas de ser uno, nos dejamos la piel entre los brazos y nos fuimos, despacio, abrazando, desnudando, besando y sintiendo,
nos amamos.
 
En el incomodo asiento del coche, nos quisimos, nos buscamos y pensamos en el otro mas que en uno mismo, hablando de nosotros sin palabras,
por fin sin palabras.
 
Y descubrimos la pasión, la sorprendimos en medio de los dos, la dejamos fluir y marcharse, para que viniera el cariño,
porque no era su tiempo.
 
Y los cuerpos desnudos, se fueron vistiendo y las almas, abiertas, se desnudaron y nos miramos a los ojos y al infinito, diciéndolo todo, de nuevo, sin palabras, libres, relajados, sonriendo por dentro y por fuera,
porque ya no estaremos solos.
 
Ayer parimos una rambla de ilusiones y anhelos, del color de la esperanza, un futuro de caminos y mañanas que queremos que sean presentes,
y futuros intangibles.
 
Ahora que peino canas y vivo de presentes prestados y de futuros inciertos, desvelados poco a poco en las mañanas, ahora que los proyectos se vuelven realidades, con esa ilusión escanciada como la sidra, a golpes de paciencia,
todavía sueño contigo.
 
 
Ahora, recordando esos momentos de pinares, coches y caminos, ahora, no renuncio a la pasión de mi vida, al azul de tus ojos,
y a seguir caminando juntos.
 
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).