LO QUE APRENDÍ A TU LADO.

Foto: Jc.
La admiración… qué gran cosa es. Más cuando de amor se acompaña.
 

(Pase lo que pase, siempre a tu vera).

 
Me has dado paz, consideración, cortesía,
amor, pasión, respeto, linaje,
calidad, ejemplo, trozos de tu vida,
amarguras y agujas, altura de miras,
soledades, manos dulces, tormento, clase,
paciencia y lealtad, admiración, estima…
 
Tú, me has dado casi todo, amada mía.
 
He aprendido a ser mas que a estar,
a entender la libertad, la independencia,
a recibir al éxtasis, a saber amar,
a soportar el dolor, el sufrimiento, el pesar,
aprendí del estar juntos y de la ausencia,
a mirar de frente a los inviernos, a tolerar…
 
Te admiro, por ser como eres, por tu caminar.
 
Me has enseñado a disfrutar,
en una copa de vino,
a beber la vida, sus olores,
redondeando los bordes,
paladeando la cata de los sentidos,
agitando la esencia, para saborear…
 
Así, amada, así he leído tu. saber estar
 
He llegado a descubrir cosas admirables,
que ni siquiera sabia que existían,
he aprendido a conocer,
a calibrar, a pensar, a ser
y a la prudencia comedida,
a silenciosos matices impensables…
 
He aprendido de ti y contigo, las cosas importantes.
 
He pasado de triviales a primarios,
de desmedidas composturas,
a la medida de las cosas,
de la tempestad aleatoria,
a la calma y la mesura,
de apresurados a meditados…
 
Eso cuesta y aún queda por aprender mucho vocabulario.
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).
 

FRONTERAS DEL DESIERTO.

Video y montaje: F. Pino.
Un perfil duro, una tierra agreste, un terremoto de contrastes, muchos días recorriendo sus entrañas y un amigo etéreo, sobrevolando y capturando su esencia, por encima del cierzo y la tierra, convierten en magia la poesía.
 
 

(Bardenas).

 
Te conocí en la frontera del desierto,
en el páramo rojo que adorna
los campos abiertos,
atardecía el sol y lucías en la sombra.
 
Estabas vacía, como la Bardena que se sabe
erosionada por los siglos, y Blanca,
por el agua y por el aire
…brillabas,
 
Figura frágil de artesano
moldura esculpida en el hierro
de la tierra yerma, manos
de piedra de alfarero.
 
Llevabas la falda clara,
la mirada oscura, y la corteza,
del aire frágil de la noche delicada,
entregada a la tristeza.
 
Sentí que callabas,
mirando los calderos del sol tardío,
turbada en la garganta,
con las rayas de los baldíos.
 
Torrentera entre dos mundos,
pueyos de piedra arenisca,
bajo signos ocultos,
una senda abierta en mis aristas.
 
Volviste la cara y brillaron tus ojos,
miraste, sin ver, la nada,
terrosa de pardo y polvo,
que estaba recién alabeada.
 
El paisaje desierto de tus labios,
promesas de besos diferentes,
carnosos, suaves, mojados,
despaciosos, breves, ardientes.
 
Y el horizonte lunar de tu boca,
me llama, me dirige la palabra,
me sonríe, se equivoca
y encuentra algo más que la mirada.
 
Barrancos rotos,
simas profundas,
sobre tu cuerpo bisoño,
grietas rotundas.
 
Reales o plebeyas,
Bardenas siempre,
blancas o negras,
todo menos indiferentes.
 
Asomado al desplome,
hincho el pecho, respiro,
absorbiendo el horizonte,
llenándome de ti los sentidos.
 
En el morral, la terquedad de mi memoria
y a mis espaldas, solo siento,
… una piedra desbastada,
testigo mudo de este momento.
 
 
 
Autor: José Cruz Millana (JotaCé).